Addo Oved Possú, procesos del folclor
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Addo Oved Possú, procesos del folclor

Addo Oved Possú evidentemente no es un nombre colombiano. Es un negro de cercana ascendencia africana. Sin embargo, estas raíces no tienen nada que ver con sus intereses –aparte claro de la importancia que tiene para todos los colombianos y latinoamericanos el continente africano- su pasión es el folclor colombiano. Al parecer es la parte materna, por el lado Dinas, su segundo apellido, el que le ha fascinado. De hecho es un fabricante de instrumentos de percusión y, en sus propias palabras, un “enamorado de los procesos”; detrás de los que ha estado por más de veinte años. Este caleño nacido en Popayán, hijo del campo, pues se declara más de allá que de la ciudad, es un investigador de la construcción de instrumentos folclóricos que ha recorrido el país en busca de secretos que se encontraban muy amarrados por parte de los constructores tradicionales.

 

Colombia folclórica en los ojos de Addo.

Resultado, Katanga.

addoEl primer viaje que hizo fue a Guapi y Timbiquí, junto con unos compañeros de la Escuela de Danzas del Instituto Popular de Cultura (IPC), otros “inquietos” como dice con gracia, fueron a investigar la música y la manufactura de los instrumentos. Addo estaba relativamente familiarizado con este último campo ya que en el IPC era el encargado de arreglar los instrumentos dañados. Allá se conocieron con personas que los acogieron como su familia y con los que dejó construidos lazos que permanecen estrechos hasta hoy. Desde ese entonces y durante nueve años, convivió con la región; por temporadas de un mes, dos meses, algunas veces más. Esta era la familia de don José Antonio Torres, “El Viejo”, padre del maestro “Gualajo” eminencia musical y folclórica en la región. Aquel lo tenía como un hijo y este como un hermano. Con el tiempo montaron un taller a orillas del rio Guapi, sobre la vereda del Tamuey, donde pudo recoger “muchos conocimientos del monte, contactando y aprendiendo”.

Gracias a esta compenetración con la región intentó recopilar el saber de los constructores de la zona. Con el tiempo empezó a traer tambores desde allá para la venta en Cali y en Buenaventura. Más adelante a transportar bases de madera, de fácil transporte por el rio hasta el mar, ya que sólo hay que dejarlos rodar, y de allí se trasladan en barco hasta Buenaventura, para después armarlos en Cali. Sin embargo, se fue dando cuenta, a medida que adquiría más experiencia, de que los fabricantes de instrumentos, no sólo en Guapi o en Timbiquí, sino en todo el país, tienen mucho recelo con los secretos de su oficio.

Lo que hizo que todos sus viajes fueran fructíferos, si se le mira desde un punto de vista positivo, pues siempre había algo nuevo por aprender. En cuanto al sentido negativo, pasó mucho tiempo antes de que pudiera aprender los secretos que con tanto cuidado guardan los fabricantes tradicionales. “Hay mucho egoísmo por parte de los constructores, de los protagonistas de estos procesos.” Para muchos aspectos de la construcción le tocó esperar mucho tiempo antes de que le revelaran secretos que nunca eran contados en su totalidad y muchas veces eran mentiras. “Cosas sencillas, bobas, que una vez que se saben no significan mucho, pero que son secretos y cuando uno no los sabe pueden costarle al constructor la afinación del instrumento, su duración, el volumen, etc.” Por ejemplo, la marimba, en el toque y en la construcción tiene secretos como la elaboración de los tacos, la preparación del caucho para forrarlos, etc., que los marimberos se guardan como lo más preciado que tienen. Pasaron muchos años antes de que Addo pudiera encontrar el ‘toque secreto’. “Es difícil”, le decían, ó “Ah, sí…, eso sí que es duro…”. Hizo mucho trabajo en la costa Atlántica; en Arboletes, Antioquia, en el Carmen de Bolívar, en la Guajira, y por todas partes encontró este fenómeno. Mentiras, tapujos y toda clase de estrategias para evitar compartir el conocimiento. La explicación es muy lógica y es que al contrario de los que uno pensaría, que es para conservar la tradición en la familia, es una cuestión económica. En el campo las personas valen por el saber que tienen y por el oficio que desempeñan. Entonces si otra persona aprende a hacer lo que sólo una persona puede hacer en un lugar donde no hay comercio o publicidad o grandes clientes, los pocos compradores pasan de tener una sola opción a tener tres, cuatro o más partes dónde comprar un instrumento. A pesar de estos inconvenientes, Addo ha tenido la oportunidad de inventar sus propios métodos de construcción a partir de los que ha descubierto a lo largo de su vida, Pero lo mejor, ha tenido la oportunidad de compartirlos con otros, por medio de cursos, talleres, capacitaciones y conversaciones. Se niega a destacar una experiencia en particular. Insiste en que todo en la vida es un proceso y que esto es un aspecto hermoso del aprendizaje.

medium_7521646074En el camino se fue creando Katanga, la fundación en la que ha trabajado desde hace quince años junto con su esposa. De traer las bases de los tambores por mar y tierra pasó a transportarlas por avión hasta el aeropuerto de Palmaseca. Muchos viajes a un costo altísimo para poder surtir la producción que ya se estaba haciendo en Cali. Finalmente, no tuvo que seguir dependiendo de un viaje hasta el extremo sur del Cauca sino que empezó a conseguir la materia prima acá mismo en el Valle del Cauca.

Durante el proceso de conformación siguió haciendo viajes a todas las regiones del país. San Basilio de Palenque, Los Montes de María, El Carmen de Bolívar, etc. En la zona oriental de Colombia también estuvo conviviendo con los habitantes de los Llanos. En el Meta, en Casanare, en Arauca, conociendo pueblos y veredas que se podían recorrer a caballo, incluso durante toda la noche. Cuando no había ni guerrilla ni paramilitares. Cuando no había peligro de muerte si se quería recorrer el propio país. Conoció constructores de allá, “de la mata”, fabricantes de arpa, de cuatro, y demás instrumentos característicos de quienes aprendió infinidad de datos no necesariamente relacionados con la construcción y que no sirvieron directamente para la fundación (esta zona se especializa en percusión y en los Llanos hay sobretodo cuerdas). Tuvo, allá, la experiencia de intercambiar métodos de trabajo y conocimientos sobre la historia y las características del folclor de sus respectivas regiones. El único instrumento que en Katanga se fabrica de esa zona es el capacho, idiófono* que hace parte de la batería de la región.

En cuanto al Amazonas, Addo relata que casi no hay membranófonos; sólo el magüaré, tambor de señales, que se le llama así porque lo emplean para comunicarse. De ese lado del país casi no hay constructores pues sus instrumentos son más que todo semillas de la zona que utilizan en sus bailes rituales. Una de las características de los nativos de esta zona es la de hacer música con su cuerpo por medio de los sonajeros que amarran en sus tobillos, en las rodillas, haciendo de sus portadores “música viviente” relata con admiración. Entre sus bailes tradicionales, que son sobretodo ritos de las comunidades indígenas encontramos, por ejemplo, el rito funerario, el rito de pubertad, el canto a la cosecha, el canto de cuna o arrullo, el baile de preparación de bebidas y demás celebraciones muy ligadas a los religioso y a lo místico, donde sobretodo se utiliza la voz y el cuerpo. Estas ceremonias también suelen ir acompañadas de bastones y palos con semillas, pezuñas de venado y, por supuesto, el palo de agua, utilizado en muchas comunidades colombianas.

La zona que más llegó a conocer fue Buenaventura y, en especial, sus zonas rurales, que es de lo que está compuesta en su mayoría. “Yo vivo en la ciudad pero donde mejor me siento es en el campo, en la zona rural. Soy una combinación de los dos. Además mi formación es de pueblo.”

Hay una característica general de los constructores de instrumentos folclóricos del país. Los de zona Pacífica sólo construyen instrumentos propios del Pacífico, los de la Costa Atlántica, solo te producen los de la zona Atlántica, y así. Addo, sin embargo, cuenta con orgullo que en Katanga se producen todos los instrumentos de percusión mayor y menor del país, esto, gracias a su constante búsqueda de las tradiciones musicales colombianas.

Los Materiales.

 

 

Wagner_Innocencio_Cardoso_tamborUnos cuantos los conoció Addo Oved gracias al saber tradicional de los abuelos, como los árboles, las guaduas, o los bejucos. Sin embargo, la mayoría de los materiales se fueron descubriendo en el camino. Gracias a ese constante espíritu de búsqueda y de reconocimiento de los saberes de otras regiones que no le fueron tan cercanas.

La madera más conocida es el balso. Además se utilizan aguacatillo, cedro, aceitemaría, luna, aliso y demás árboles que se consiguen en distintos municipios o pueblos desde donde se los mandan. Con las pieles sucede lo mismo, pues no sólo cada instrumento se hace con distinto cuero dependiendo de su región, sino que también varían los gustos de los clientes. En la Costa Pacífica sobretodo se utiliza el venado y el tatabro, en la Costa Atlántica el chivo, en la zona Andina el ovejo o el becerro, etc. En Katanga se utilizan de todos ya que de igual manera les mandan de todas partes. Mensualmente reciben del Huila, de San Juan de Nepomuceno en la Costa Atlántica, de Silvia y demás. Algunas pieles vienen ya afeitadas, otras vienen con la grasa y la carne del animal todavía pegada y “oliendo a diablo”. En cuanto a los tensores se utilizan sobretodo cuerdas plásticas o de polipropileno, ya que aguantan la lluvia y no ceden, a comparación de la cabuya, del lazo o del rejo que son los que tradicionalmente se han utilizado en la construcción de la batería. También se utiliza rejo, bejuco, piola, dependiendo del cliente.

La empresa familiar.

Constructor de tambores, portador del latido.

Constructor de tambores, portador del latido.

Algo de lo que se siente afortunado es que nunca tuvo que obligar a sus hijos a participar de los procesos de la microempresa. En un principio, cuando estaban muy niños, sus tres hijos –“la mayor, la menor y el niño”- vivían metidos en el taller. Cortándose y fregando, untándose de lo que hacía su papá y lo que influenciaría fuertemente sus intereses del futuro. Él los dejaba. Actualmente hay dos que están prácticamente metidos de lleno en el asunto, que combinan con sus estudios. La mayor trabaja en gestión y el hijo del medio trabaja en la producción. El “niño”, como todavía lo llama, aunque tenga diecinueve años, está terminando el colegio y es el que más seriamente le ayuda en la empresa. Addo hijo es su orgullo. Se le nota en los ojos cuando habla de él. Toca, canta, baila, fabrica instrumentos. La menor, que todavía está en el colegio, no está metida todavía en el oficio. Addo también tiene una sobrina a quien acogió como su hija que ha iniciado carrera en el Instituto Popular de Cultura en Danzas Folclóricas y en la Universidad del Valle hace carrera de Música.

Además, Addo y su familia tienen como actividad colectiva un conjunto de chirimía. Ensayan y se presentan, y aunque algunas veces genere algún ingreso, esta es una actividad que existe, recalca, por diversión. Es el complemento de la actividad a la que se dedica.

Cuando sus hijos no existían, y durante la época en que todavía eran muy niños, su esposa Vilma estaba más metida en el taller. Era su mano derecha y se encargaba de la producción de instrumentos menores: guasás, maracas, esterillas, etc. Más tarde, cuando Addo estaba viviendo en Bogotá su esposa se quedó al frente de la producción de Cali, ayudada por un joven aprendiz. Ahora le queda muy difícil ya que es docente. Además cuando llega, con los hijos a las tres y cuatro de la tarde, prefiere dedicarle el tiempo a su familia.

Katanga, confiesa Possú, fue el causante de su matrimonio con Vilma. Sus familias siempre fueron amigas y ellos se conocían. En esa época Katanga tenía actividades que incluían viajes de grupos folclóricos a Europa, que Addo mismo gestaba. La entrada de ella al grupo ayudó a afianzar coqueteos que existían desde antes. Viajaron en el 81, con ese grupo de baile y danza, a Francia, Alemania y Suiza. Un año después se casaron.

Además de la familia nuclear, en la empresa también trabaja Reinaldo. Un guapireño primo de Addo. Un negro chiquito y hermoso que se encarga de la mayor parte de la producción de las dos sedes que en este momento tiene Katanga en Cali.

***

El anhelo de Addo Oved Posú es seguir viajando. Sueña con ampliar y divulgar el conocimiento al que tiene acceso. Nada de Miami o Europa. “Apenas tengo plata me voy pa’l Festival de la Cumbia en El Banco, Magdalena, al Festival del Pito Atravesao en Monroa, al de las Gaitas en Oveja, Sucre, al del bullerengue en Narcoletes, a los Carnavales de Pasto…”

*Los idiófonos son instrumentos que hacen parte de uno de los cuatro grupos de clasificación de los instrumentos (junto con los membranófonos, los cordófonos y los aerófonos) y se caracterizan por producir sonido gracias a su propio cuerpo, por agitación (como las maracas), frotación (esterilla), choque (triángulo) o concusión (platillos).

Nota: este texto fue publicado originalmente en la revista Ciudad Vaga 3 y luego presentado para su publicación en Memoria Visible por su autora. Las fotografías están bajo licencia Creative Commons. Enlazamos al perfil de los fotógrafos.

 Fotografía: Simon Horsten via photo pin cc

0 0 3128 01 marzo, 2012 En Portada, Reportajes, Textos marzo 1, 2012

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