Cuestión de Legitimidad
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Cuestión de Legitimidad

Cuando iniciaron los combates, o más bien cuando estos arreciaron con mayor fuerza sobre los municipios de la tierra del olvido en la que se ha convertido el norte del Cauca, fue muy común oír a los voceros del gobierno enarbolar la defensa de la soberanía como una de sus principales excusas para justificar el accionar de la fuerza pública en el lugar. Para el estamento, se había puesto en entre dicho su soberanía y había que demostrar lo contrario, pero las cosas se salieron de control, algo no cuadró, un nuevo actor demostró su poder y expulsó no a una sino a las dos partes beligerantes de la zona y de paso traslado el cuestionamiento desde el concepto de soberanía al de legitimidad.

El problema se halló precisamente en que las comunidades que durante todo este tiempo resistieron los embates de ambos lados de forma unida y con la esperanza de un pronto fin, se atrevieron a dejar de ser espectadores y decidieron ejercer su derecho a la resistencia y a la dignidad. El conflicto entro en una nueva etapa para el gobierno, se trataba ahora de enfrentar a una población civil desarmada pero valiente que se había atrevido a cuestionar su papel al interior de la sociedad y su rol histórico como el único con derecho a ejercer la violencia. Las comunidades indígenas envueltas en los últimos hechos en el Cauca no quieren saber nada del estado colombiano y sus instituciones porque éstas no los representan, porque no cuentan con ellos y porque no reconocen en ellas a un estado para todos sino para unos pocos.

Lamentablemente para el resto de los colombianos ésta no es la primera vez que se pone en entre dicho la legitimidad de este estado, si es que alguna vez la ha tenido, se trata pues de un sistema con dudoso reconocimiento, con instituciones débiles o corroídas hasta sus raíces por la corrupción, fuerzas militares con sus uniformes manchados por el narcotráfico, los asesinatos extrajudiciales y su participación en la promoción, conformación y consolidación del proyecto paramilitar, una clase política sin una gota de prestigio ante la opinión pública y una política que se ha convertido en la burla más grande de nuestro país, en fin miles y miles de ejemplos que dan muestra del poco reconocimiento y prestigio con el que cuenta el estado y su accionar a la hora de una cara a cara con la población.

Se trata entonces de un estado que particularmente en el Cauca ha estado ausente en las más fundamentales tareas sociales y que ha centrado todo su esfuerzo en fortalecer la inversión extranjera y en formar unas fuerzas armadas para proteger la misma, y que ahora se queja porque le hace falta respeto y reconocimiento al interior de la sociedad. La historia enseña que el poder político legitimo merece obediencia mientras el ilegitimo solo encuentra rechazo y desobediencia, lo que obliga al poder a ejercer la violencia directa como medio para sostenerse ante una sociedad insurrecta.

La solución que encontró el estado colombiano para enfrentar esta insurrección silenciosa fue recurrir a la imagen, a la soberanía y la legitimidad a través del poder de la ésta, de los medios masivos y del imaginario popular. No importa si la realidad lo contradice mientras la imagen diga lo contrario, acá hay y habrá democracia. Lo que encontramos es una soberanía y una legitimidad construida a partir de imágenes altamente difundidas, y que obliga a pensar en aquella frase que reza que una mentira dicha muchas veces se transforma en una verdad. La repetición sin descanso de un discurso “incluyente” acompañado de campañas promocionales en donde “todos somos Colombia” o donde nos presentan a nuestros verdugos como nuestros salvadores se configura en el arma más eficaz, y de esta forma los medios masivos de comunicación en su poder son tan sólo la punta de lanza de toda una artillería más sofisticada.

El poder alquimista del estado es capaz de convertir hechos bochornosos como las elecciones y las instituciones que emanan de éstas en ejemplos de democracia y participación, como por arte de magia desaparecen los índices de desfavorabilidad, de abstención y de rebelión presentes en el pueblo colombiano, sólo hace falta una pequeña caja una cara linda y un programa sin contenido para mantener a este pueblo en la inopia que tanto disfruta.

Los indígenas con sus acciones están cuestionando fuertemente el papel de las instituciones como en otras oportunidades, la pregunta aquí es, qué tan legitimo es el estado para el resto de los colombianos, para aquellos a quienes las condiciones no son tan diferentes a las vividas por estas comunidades, que tan fortalecido puede salir un estado sitiado por sus ciudadanos el día que lo cuestionemos por su papel en el cumplimiento del contrato social. Es hora de empezar a hacerse estas preguntas, hay que cuestionar el estado, hay que cuestionarnos y encontrar la forma de fortalecernos en el proceso, tenemos que dejar de ser observadores y empezar a participar en la conformación del país que todos queremos.

 

Datos de interés:

El censo de 2005 registró una población indígena de 1.378.884 personas, lo que equivale a un 3.40% de la población del país para ese año, que habita en 32 departamentos del país y en el Distrito Capital, pero tiene su mayor presencia en el oriente del Cauca, la península de la Guajira, la Amazonia, la Orinoquía y la región del Pacífico.

El Gobierno Colombiano ha reconocido la existencia de 82 pueblos indígenas, no obstante la Organización Indígena de Colombia, ONIC, reclama esa condición para 94 pueblos.

 

Estas son las comunidades indígenas en el occidente Colombiano:

 

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Resguardos indigenas:

Los resguardos indígenas son propiedad de las comunidades a favor de las cuales se constituyen y tienen el carácter de inalienables, imprescriptibles e inembargables.

Los resguardos son una institución legal y sociopolítica de carácter especial, conformada por una o mas comunidades indígenas, que con un titulo de propiedad colectiva gozan de las garantías de la propiedad privada, poseen su territorio y se rigen para el manejo de este y de su vida interna por una organización autónoma amparada por el fuero indígena y su sistema normativo propio.

Son manejadas y administradas por los respectivos cabildos o autoridades tradicionales de las comunidades, de acuerdo con sus usos y costumbre.

 

Cabildos Indigenas:

Los Cabildos son una entidad publica especial, cuyos integrantes son miembros de una comunidad indígena, elegidos y reconocidos por esta, con una organización socio política tradicional, cuya función es representar legalmente a la comunidad, ejercer la autoridad y realizar las actividades que le atribuyen las leyes, sus usos, costumbres y el reglamento interno de cada comunidad

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Fotografías:

http://iniciativascivilesdepaz.blogspot.com/2011/02/consejo-regional-indigena-del-cauca.html

http://elantroposofista.blogspot.com/2011/08/representatividad-politica-indigena-en.html#axzz2185VTHsz

0 2 10378 19 julio, 2012 Articulos, Coyunturas, Textos julio 19, 2012

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