El algoritmo de la memoria en primera persona
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El algoritmo de la memoria en primera persona

Ilustración Andrés Belalcázar

Edelmira

 

Después de practicados todos los exámenes médicos y resueltos casi en su mayoría los trámites legales, podemos decir, sin más, que el hijo de Edelmira Sarmiento Ordóñez está muerto. Dos agujeros de bala en el abdomen. Peritonitis, septicemia, hemorragia interna y delirium tremens1, según informe forense. En nuestras manos tenemos una de sus fotos más recientes, en la fiesta de quince años de la hija de Lucrecia Garrido, vecina de toda la vida. Podemos ver, aparte del hecho de que no se ha tomado un solo trago, lo siguiente: un metro con setenta y dos centímetros de caleñidad; a duras penas 70 kilogramos. Músculo y hueso, poca grasa. Buen muchacho, trabajador, un poco cascarrabias (dicen algunos, como para bajarle al azúcar post mortem), callado, temperamental…y muchas otras características de fábrica del hombre corriente. Ése era Alfonso Lugo Sarmiento, y su mirada es la única que se encuentra directamente con la cámara.

 

Pero muerto al fin de cuentas.

 

Dice Edelmira, su madre:

a mí las palabras siempre me las tienen que sacar con pinzas. Yo abro la boca solo para comulgar. Lo necesario. Pero hoy podría hacer una excepción, porque tengo rabia.

Gritaba, en su último estado, que le quitaran de la cabeza un enjambre de abejas. En algunos textos médicos inspirados en bitácoras de brigadistas de guerra se habla de El zumbido de la Muerte, una síntoma muy común en la enfermedad de Ménière. El resto de las notas están al final del texto.

 

 

Ego

 

Son las seis de la tarde y cinco minutos en una ciudad del tercer mundo Cali. En mi Carta de Navegación para CiberSibaritas (lo que equivale a la Guía Michelin en los destinos del primer mundo), se habla del consumo y la venta de drogas, del lavado de activos, los altos niveles de corrupción estatal, los elevados niveles de alcoholismo y todas, todas la formas de violencia generadas por las cualidades aquí listadas, elevadas a la máxima potencia, atomizadas en el espectro electromagnético, como parte del clima de la ciudad. Las guías para viajeros son la peor forma de explicar un territorio, pero qué le vamos a hacer.

 

Para ilustrarse mejor, piensen en esto: como no valoro mi tiempo, tampoco he aprendido a valorar el tiempo de los demás. Viajo en el asiento trasero de un taxi modelo Atos, coreano, simple y aguantador, como nosotros, pero sin esa pizca de disciplina enferma que tiene el que agradece la salida del sol todas las mañanas. He ignorado todo este tiempo al taxista, sin proponérmelo. Voy directo al centro del huracán que tengo en la cabeza. Es la primera vez que decido salir por mi propia cuenta a investigar algo. Estoy cagado del miedo.

 

Frenoa en seco. Se apaga el radio con su horrible reguetón. Vuelvo en sí.

 

-Hasta aquí llego- me dice el taxista, volteando para mirarme de arriba abajo. Está masticando algo que no es goma de mascar.
-Pero no hemos llegado, vecino. Hay que subir más.
-Va a tener que subir caminando. Mire, y no le cobro lo que me hizo esperar mientras se peinaba ese pelo tan lindo que tiene. Son seis mil pesos. Sencillitos, por favor.

-Hermano, me está dejando tirado. Eso no se hace.

-No he firmado ningún contrato, juventud. Ahí tiene el número de la empresa, si desea quejarse.

Por supuesto, tengo que reservarme mis observaciones sagaces sobre lo que pienso de él y su forma tan inhumana de lavar dinero del narcotráfico. Podría ser más amable, por Dios. Claro, el dinero que está lavando es de otro y eso a lo mejor lo pone a uno de malas pulgas. Esta es la tolerancia psicopática que he desarrollado hacia los fenómenos sociales de mi ciudad. Alguien debería premiarme por esto.

 

 

Laura

 

Este espejo nunca miente: me parezco a la mujer-presentadora-modelo-acompañante-animadora-exhibicionista-mulatafatal de la que todos hablan. Y sí, tengo claro que el precio que hay que pagar por esto es muy alto. Los nervios se vuelven alfileres y apuntan hacia su propia raíz. Muerden mis pies y mis orejas, mastican lo que me queda de

Mi nombre real es Esmeralda Palacio Buenaventura. Solo con decirlo le da a uno la impresión de estar armando un árbol de navidad, lo sé. A lo mejor es cierto que el nombre lo define a uno, que puedo resumirme como una explosión de júbilo que ocurre en medio de un valle sembrado de tumbas ¿Sabes a qué me refiero, verdad?, al vértigo emocional que te hace sudar en las noches (esa sensación de estar durmiendo en el filo de un acantilado) a las caras largas, sin la gracia propia del que nada teme; a los ojos rasgados como maniquíes tailandeses; al el zumbido del pequeño y destartalado bus en el que viajas todos los días bordeando la ciudad para llegar a tu trabajo en un barrio de gente rica.

.aparte

 

Es toda esta secuencia de observaciones, impresiones y recuerdos sin dueño (globos que escapan hacia la estratosfera) lo que un buen día estalla dentro de tu cabeza. Otra cosa, ahora que pienso en la infelicidad: a la gente le gusta mucho el cine de Hollywood, el internet, los programas de variedades, con Jota Mario, y por esto se ha olvidado de Dios…Pero bien, esto se alargaría mucho si nos metemos en este tema.

.aparte

 

Solamente quiero mencionar la posibilidad de aferrarse a algo sin soltar otras cosas2, porque mucha gente, sobre todo los universitarios, creen que volver su rostro hacia Dios es una derrota, pero no entiendo por qué esto no se puede ver como un valor agregado. Una vez me contaron la historia de un muchacho que al verse asediado por un par de rateros decidió jugársela de esta forma: “¿Cómo me van a venir a robar ustedes dos, par de hijos de puta, si yo estoy con Dios?” La anécdota tiene un final feliz: el arma de los asaltantes se encasquilla, y ante la insistencia furiosa del tirador, termina disparándose en la dirección opuesta, hacia el rostro de éste, destapándole el cráneo como si fuera una fruta podrida. Cómplice del caco y víctima a salvo corrieron hasta desaparecer en la noche. Fin.

 

He tratado de zafarme de dos remoquetes, pero no voy a decir mentiras: es nadar contra la corriente. Lo de Laura Acuña tiene que ver con mi físico,3por supuesto. Hay otras comparaciones bastante odiosas, todas relacionadas con la vida de esa otra mujer4 que no soy yo. El segundo apodo me lo puso un muchacho que estudió conmigo. Ustedes sabrán hacerse una idea de la historia si les digo que era uno de esos cachorros que se enamora con un beso. Un solo beso. Se le ocurrió, pues, apodarme “la filósofa5”, acusándome de fantoche, mentirosa y timadora. Así me quedé durante toda la vida en el bachillerato.

 

.aparte

Los muchachos me miraban como animales heridos; o te quieren matar o quieren montarse encima tuyo para copular. A mí me tranquilizaba la certeza de que no llegarían a ninguna parte, pobrecitos. Hablaban demasiado, pero fácilmente bajaban la guardia ante la presión grupal, y sobre todo ante las chicas. Yo nunca fui amiga de ninguna de ellas. Me consideraban demasiado curtida, pero no era el hecho en sí (que tuviera más calle) lo que me alejaba de ellas. Querían ser como yo, pero reconocerlo hubiera sido un triunfo que nadie me hubiera podido arrebatar. Por lo demás, la vida en el colegio era un simple pasatiempo. A grandes y a chicos todo les importaba un cuerno culo, y los profesores no sufrían mucho por esto eso. De vez en cuando les escuchabas decir en los pasillos que de nada serviría educar a estos pequeños y desgraciados pobres salvajes, porque igual el país era una gran mierda, etc.

Por supuesto, fui tema de conversación en los orinales del colegio, donde meaban profesores gordos, divorciados, calvos y alumnos que desde temprana edad habían recibido la notificación de su fracaso en la vida. De ahí surgió este movimiento en mi contra; me odiaban y me deseaban6. Me convertí para todos en la puta que nunca le presentarías a tu madre, aunque en las noches rezaras, imploraras que entrara volando por tu ventana, dispuesta a complacerte.

 

¿Cuál fue mi gran pecado? bueno, decir que solo un imbécil podría enamorarse perdidamente de otra persona. Esto me ha inquietado mucho desde entonces (tenía 15 años, por Dios, y ya me acusaban de engatusadora); el amor me parecía una enfermedad tan fácil de prevenir como la obesidad. Entre otras cosas, la comparación no viene mal. El amor satura, infla nuestra existencia de preocupaciones, inseguridades, envidias, grasas industriales, y al final acabamos en lo que ya sabemos. Todo esto porque seguimos fascinados con una visión bastante pobre de lo que significa compartir la vida con las demás personas. El amor es, sobre todo, saber desaparecer en el momento adecuado. Morir si es necesario. Después vas viendo que el fastidio adquiere un alcance más complejo, como cuando te aterras por primera vez ante la inmensidad del océano. No es la candidez del enamoradizo lo que encuentras insoportable; es la doble moral del cliché romántico. La amnesia el olvido y la traición. Dígame ¿cómo pasa uno de ser un galán de serenatas a proferir rosarios de insultos ¿Cómo pasa el caballero perfumado y de pañuelo en el bolsillo de regalar flores a noquear con un gancho en la quijada de la mujer de su vida?

 

Siendo sincera, tengo que decir que prefiero a“Laura Acuña” sobre la “Filósofa”. Es lo menos malo, sí, y aquí entra el sentido práctico, algo que tengo desde que soy muy niña, cuando pasaba todos los días en un barrio de clase obrera, con una madre que trabajaba como sirvienta y un papá borracho, promiscuo, bestial y depravado. Con todo, no se nos permitía llorar. No hay tiempo ni espacio para sentarse a llorar por las cosas que te parecen injustas. La pobreza es una celda que guarda flatulencias y vapores sexuales, pero aunque parezca increíble, puedes salir vivo de todo esto ella. Es difícil perderse en divagaciones existenciales cuando se crece así. Lo malo está a la orden del día. Así que papá puede estirar su mano en medio de la noche y tocar cualquier cosa, y la madre guardará silencio, hasta que un día, muchos años después, se saldan las cuentas.

 

 

Edelmira

 

No me ponga palabras en la boca. Esto no es asunto personal.Una madre nunca ve con buenos ojos a la mujer de su hijo. Partamos desde este punto. Voy a darle un ejemplo, pero espero que no me tome al pie de la letra. Se traen varones a este mundo para que cacen y maten, en tanto la situación así lo justifique ¿Verdad? La familia es un escudo, una muralla que puede aplastarlo a uno, cierto, pero sin duda también lo protegerá de la barbaridad que ocurre afuera. Entonces, ver a ese pedacito de vida que uno ha parido juntarse con alguien de otro clan es lo mismo que verlo declinar su poder. Entiéndame: el problema no es que ande buscando mujeres fuera de su territorio, esto es más bien como un pasatiempo. Lo grave, en este caso, es que pierda el carácter. Por eso se establecen compromisos a ciegas. El hijo que entrega su vida a otra mujer se convierte en una criatura atormentada y vulnerable. Usted podrá decir que soy una vieja amargada y venenosa, una culebra con arrugas y dientes postizos, pero a la naturaleza no la desmiente nadie. Lo que digo está escrito en esta lengua incuestionable que conozco tan bien; porque yo también fui una mujer joven que atrapó a un hombre para que me llenara de hijos. Ahora que soy vieja, veo el ciclo repetirse bajo mis narices. Y siempre es peor: cuando menos lo pensé, tenía a esta mujercita asfixiándome con preguntas: que si él había terminado el colegio, que si él sabía leer, que si creía en Dios, que si yo le había enseñado a volverse un muchacho de arranque o que si lo había mimado mucho…Virgen santa, dale paciencia a esta pobre vieja, pedía yo en silencio.

 

 

Ego


Estoy masticando la explicación a todo esto, pero debería estar más atento a lo que pasa frente a mis ojos, lo sé. No me lo recuerden. Nuestra introspección está mal concebida, pero no voy a ponerme a llorar por esto7. Es una pandemia, pero casi nadie lo pone en estos términos: el autismo. Por ahora, lo primero que se me ocurre es que estoy pasando por una crisis de la primera adultez. No sé si existe esta imbecilidad, pero no puedo explicarlo de otra forma. Soy uno de esos tipitos fastidiosos, tan insoportables y ladinos que merecen caer en el olvido, pero siempre estoy en boca de muchos, que se preguntan cómo consigo el amor y los favores de una mujer. Entonces les digo: la clave es padecer, como si fueran propias, las intimidades de esas mujeres. Sentirse tan cómodo como ellas a la hora de hablar a mares… Entender su forma de vida (con muy pocas amigas de verdad a cambio de y numerosas interlocutoras) porque las mujeres siempre quieren hablar de aquello, mientras el hombre prefiere morir en silencio. Esto explica los famosos casos de muerte súbita; algo tan simple como morir intoxicado con sus propias heces, o, para ser más insoportablemente metafórico: morir intoxicado con sus propias ideas.

 

 

Edelmira

 

Yo la veía llegar al barrio, contoneándose con ese aire de diva que ha tenido el mundo en sus manos, sin soltar sus garras de la carne de mi pobre muchacho. Eran una pareja que llamaba la atención, porque representaban el sueño del que puede irse del barrio y volver triunfalmente. A la gente les gustaba verlos llegar y adueñarse de estas calles, con esa seguridad amable del que porta buenas noticias, pero la gente nunca acierta. Ella no disimulaba para mirar a otros hombres, ni para sonreír cuando le decían obscenidades. Mi hijo hacía de cuenta que no pasaba nada, pero yo conocía esa expresión, la misma que tenía cuando estaba estreñido. Una madre siempre se da cuenta. Él me llevaba al patio de la casa y me hablaba, mirando las plantas. En pocos meses tendría el negocio funcionando y vendría la estabilidad, y un televisor nuevo para su vieja, pero para ver qué, mi niño, si a duras penas con estos ojos puedo ver mis manos, y para qué quiero verlas arrugadas y torcidas por la artritis que me dio por planchar ropa ajena durante 30 años. Pero sí tenía oído para escuchar sus planes: la gente en esta ciudad siempre tiene plata para la fiesta y el trago.

.aparte

 

Entre más jodida está la gente, más quiere perderse en este carnaval de lujuria y violencia. Mi marido, albañil durante toda su vida, se gastaba la mitad de lo que ganaba en trago. Se aparecía sin zapatos, descamisado y lleno de mordiscos en el cuello. La mujer se limita a observar y cubrirse la cara cuando el marido lanza la mano para renovar su fe. En la cara no, le decía yo. Pero una bestia siempre quiere dejar su marca para que otros la vean. Eran otros tiempos, , en eso estamos de acuerdo. Ahora la gente habla más y pega menos, pero eso no significa que las cosas, en esencia, hayan cambiado mucho. Del dolor también se aprende, mamita linda, me decía mi muchacho, usted me lo enseñó.Yo le dije que todo lo que tenía que asegurarme en esta vida era su inteligencia. Y bien, la inteligencia de negocios de mi muchacho terminó siendo pura venganza. Por eso, ahora que lo veía con esta mujer, tan silencioso, como haciendo cuentas en su cabeza, solo me llegaban malos presagios. De su papá nunca habló, hasta que un día me dijo que todos sus ahorros los iba a invertir en un estanco, y que vendería todo el trago del mundo sin tomarse él una gota. Me prometió una sobriedad tan dolorosa como el guayabo más horrible.

 

 

Ego

 

Por fin llego, pero no se me va de la cabeza el golpe del reguetón que venía martillándome la esponja cerebral en el taxi. Espero que Dios, el mismo Dios que permite cosas como Haití y la serie de televisión Friends, bendiga el desparpajo axiomático del reguetón. Infelices como este servidor no saben hacer otra cosa que hablar pestes de lo malo, básico, horrendo, zafio que es el reguetón, pero basta con que tenga par de buenos aguardiantes carburando en mis tripas para que toda la basura de pastelería francesa que tengo en mi brillante cabeza sea cosa del pasado. Y entonces bailo, me muevo, como un muerto viviente.

 

La calle es empinada y angosta. Las casas crecen hacia arriba, como un recuerdo del hombre rebelde que puso ladrillos para edificar el sueño de Babel. Los andenes son cubiertos por bloques de sombra. Me tropiezo varias veces con los desniveles que han ido quedando como resultado de la construcción irregular… ¿Estoy tomando nota de todo esto, en serio? ¿Entiendes mi pregunta? No veo un carajo, pero la culpa no es del todo de la oscuridad; es este miedo imbécil por no sentirme habilitado para ver las cosas de otra manera. Aunque no es la primera vez que me encuentro caminando en un barrio como estos este, las manos me sudan y siento mucha prisa por encontrarme con ella, y decirle bendita sea usted, mi señora, perdone este acelere, pero me agito con facilidad. Claro, me estoy perdiendo de lo más importante en tiempo real, dejándole todo a la evocación, con las manos dentro de los bolsillos y la libreta de notas escondida en el morral, cerrada, como si fuera algo sagrado, porque tal vez sea lo único que merece mi aprecio. Lo demás es basura, con todo respeto; libros que no me hacen mejor persona y un teléfono celular que solo me recuerda cosas malas y tristes, todo el día. Grave, gravísimo error, esto de dejarle todo a la evocación. Porque la memoria, que es una operación consciente y definida, con pasos dispuestos para llegar a algún lado, necesita indicaciones precisas, concretas, en lo posible impactantes, y sí, después, puedes llenarte la boca de esas minucias de artista hipersensible. Pero la médula del algoritmo es el esquema que deben seguir los pasos, no las interpretaciones individuales y banales de éstos.

 

-Buenas tardes. Disculpe la demora.

-¿No encontraba la dirección?

-Sí, pero el tráfico a esta hora es imposible.

 

Su rostro: la expresión de alguien asediado por una nube de mosquitos.

 

 

 

Laura

 

¿Alguien se atreve a dar fe de mi integridad? No lo sé. Fui madre soltera a los 17 años, y este regalo de Dios fortaleció mi espíritu. He sido una persona valiente y leal. A mis treinta años, cumplidos en agosto pasado, me conservo como una mujer saludable y feliz. Mi cuerpo es el resultado de todo lo bueno que se acumula en mi alma ¿Basura pseudo-psiquiátrica? Tal vez. La gente es lo que consume.

 

En serio: soy una persona agradecida, y esto es comúnmente malinterpretado. El padre de mi único hijo habló cosas muy malas de mí luego de que nos separáramos. Dios sabrá perdonarlo. Dios ya lo tiene en su corte celestial. Nosotros, los vivos, tenemos que vivir. Es la voluntad de Dios. Superar las dificultades, los temores y las inseguridades; mantener siempre la mirada hacia el horizonte. Desafiante y segura. Por esto me han llamado puta y trepadora. Dios sabrá ponerles mejores palabras en sus bocas.

 

Mi vida podrá parecerse a la de Laura Acuña [la auténtica] pero en el fondo soy algo más completo. Soy real. Ella es una invención que solo vive en las pantallas. A mí me pueden acariciar hasta matarme, a ella no.

 

 

 

Edelmira

 

Mire usted: tenía un hijo que me regañaba todo el tiempo. Se molestaba cuando le decía cómo quería que fueran las cosas cuando yo muriera; que regalaran las plantas (porque nadie las iba a cuidar), que vendiera la casa y se fuera del barrio, que no se casara tan joven…

 

Ya ve para dónde va la cosa.

 

 

Ego

 

La última vez que probé una aguadepanela con canela fue en la casa de doña Olga. Mi padre me llevaba de visita el primer domingo de cada mes hasta que tuve doce años. Era un gesto de gratitud que consistía en sentarse en la salita de la casa y escucharla hablar de la gente del barrio. Para mi padre, la señora Olga fue una madre sustituta, pero ninguno de los dos mencionaba esto. Mucho tiempo después uno entiende el valor de este silencio. La palabra gratitud, la denominación, sobra. Es un estado que muy pocos alcanzan.

 

Por lo general, la señora Olga hacía un resumen muy completo de muertes y enfermedades. Mi padre no se mostraba muy perturbado, en realidad le importaba un pepino que fulano estuviese muerto o a punto de morir, pero siempre la escuchaba con atención. Ahora que lo pienso, para doña Orfa el resumen era un cotilleo que se hacía por educación. En parte por respeto al visitante (tener algo que contarle), en parte por lealtad a la gente del barrio. Era una vieja humilde pero rodeada de amor. De la pobreza a la miseria hay un trecho, es cierto; doña Orfa  Olga  nunca se quejó por falta alimento, y las enfermedades siempre se curaban en casa, con reposo y oración ¿Entonces qué es la pobreza? ¿O por qué un ama de casa de pequeñoburguesa encuentra de mal gusto ponerle canela al agua de panela? No lo sé.

 

Permítaseme decir, antes de continuar: que mi idea de la pobreza adquirió una textura bastante real cuando me vi sentado durante horas frente a una pantalla, leyendo (y bostezando) las vidas de otros. Soportando, con suma terquedad, cantidades peligrosísimas de estupidez.

 

Voy llegando a lo que me interesa: la idea que la gente tiene de la muerte. Y en esta búsqueda caben desde el gringo imbécil que dice que lo peor de estar muerto es que nunca más podrás tener sexo en internet, hasta la conclusión desconcertante que me hace Edelmira: Alfoncito ya estaba muerto.

 

-¿Entiende lo que digo?

-No señora, la verdad, no.

-Estaba muerto, pero regresó. La gente cree que estoy loca…o confundida, porque uno tomó el lugar del otro. Ahora déjeme preguntarle ¿Quién sabe más? Yo los tuve aquí (manos sobre el pecho), a ambos.

 

¿Recuerden recuerdan la onomatopeya con la que representaban en las tiras cómicas el sonido que hace uno al tragar saliva, siendo presa del terror?

 

 

Laura

 

Era para morirse del miedo, porque el trato que tenían parecía de lo más normal. Él se comportaba de manera muy extraña cuando estaba en presencia de ella. La voz se le ponía más aguda y decía cosas que no tenían nada que ver con su vida. Era otra persona.

 

 

Edelmira

 

Alfoncito tuvo que irse en contra de su voluntad, hace varios años. Creí haberle perdido el rastro pero luego su voz regresó.

 

 

Laura

 

Esa bala perdida iba para mí. Pero el señor sabe cómo hace sus cosas. Yo traté de hablar con la madre de esa muchacha que estaba al otro lado de la calle esperando el bus, pero me colgó el teléfono varias veces. Si usted lee bien la nota, entenderá mejor el gesto de la madre. La hija había decidido irse de la casa. No necesito que me digan estas cosas, simplemente lo puedo leer. Usted se da cuenta cuando el testimonio de los familiares aparece siempre al final de la noticia, y casi siempre dicen cosas que no concuerdan mucho con la realidad. Yo lamento mucho que la vida de alguien termine en situaciones tan idiotas, porque la pobre no tenía nada que ver, pero supongo que no soy un blanco fácil. Vi al sicario apuntarme a la cabeza, pero la bala terminó con los sueños de una muchacha que a sus veinte años había decidido largarse de su casa. Y bien, lo logró.

 

 

Ego

 

Estamos de acuerdo en una cosa: las tetas de goma que se mandó poner son demasiado vulgares, demasiado grandes. Escucharla con atención es una proeza. Son esas tetas las que hablan de Dios, de Jesús y todas esas cosas. En la fotografía del periódico se le alcanza a ver un pezón, y esto cambia todo. El cuerpo sin vida de su esposo, el abdomen templado y amarillo, las líneas de sangre que bajan en diagonal desde los dos agujeros por donde entraron las balas hacia un costado del torso, formando una mancha que alcanzó a llegar a la blusa blanca de Laura, la blusa que cedió ante el peso de una de sus inmensas tetas.

 

Su nombre nunca apareció en la prensa del lunes pasado. Aparecieron sus tetas ¿reconoce estas tetas, doña Edelmira?

 

Reconozco esta fecha, dice. Agosto 20 de 1980. Mi hijo Alfoncito murió acribillado. No quiso dejarse robar. Me lo entregaron en una caja, con el rostro cubierto, porque dos de las balas le habían destapado el cráneo, pero ¿cómo puede usted enterrar a un hijo sin verle la cara?

 

Estamos en el año 2010. Edelmira dice que Alfoncito murió hace treinta años. Yo digo, mirando los recortes de prensa y las notas que fui tomando en estas últimas semanas, que Alfoncito murió en octubre de este año. También digo, para consolarme un poco, que mis cefaleas son producto de mi imaginación, pero en verdad hay cosas que por más que uno trate de entenderlas, con toda la racionalidad del caso, se escabullen, se van, como si fueran reclamadas por otros mundos. Este tipo de análisis le pertenece a otra persona. Yo también estoy jodido de la cabeza, pero no puedo verlo, no con objetividad. No puedo hablar mal de las palmeras, ni de los chontaduros, ni del asqueroso jugo de borojó. No puedo romper la operación que me hace buscar siempre el origen. Parece uno de esos errores matemáticos que produjeron suicidios masivos, pero yo no me podría suicidar, porque soy demasiado bello.

 

Bien, apunto estas dos fechas: agosto 20 de 1980 y octubre 12 de 2010. Edelmira dice que sólo ha tenido un hijo, Alfonso Lugo Sarmiento. Ustedes, si están de mi lado, ya saben que está muerto, y que tenía una esposa que no paraba de hablar; que tenía tetas y culo postizos y andaba metida en una secta de fanáticos cristianos. Todo eso.

 

Lo que no saben es que Edelmira es una anciana que bien podría tener nietos, aunque ella diga que su hijo Alfoncito no se los ha dado aún. Y no lo hará, claro, porque está muerto. Es muy difícil llevar el hilo de este asunto, y créanme que estoy a punto de tirar la toalla. Me duele la cabeza y la aguadapanela me quiere soltar el estómago. Pero tengo que agradecer el hecho de que me veo en la necesidad de buscar a tientas el baño en esta casa oscura y fría donde vive Edelmira, sola.

Me topo pues con cuatro habitaciones, la de ella, la de Alfoncito, otra muy similar, y otra casi vacía, a excepción de una cama en la que duerme con los ojos abiertos una muñeca que de solo verla termino apresurando la cagada.

 

 

Edelmira

 

Aquí está el recorte de prensa. Agosto 20 de 1980: Lo mataron por robarle un par de zapatos.

Sosténgalo en sus manos. Es real.

 

 

Laura

 

Mientras una persona como ella no ataque a nadie, lo mejor es dejarla tranquila. Yo siempre me hice la loca, valga la expresión. Aunque no voy a negarle que la actitud que él tenía hacia ella me hizo pasar varias noches en vela. Por supuesto, todo empeoraba con su mutismo. A veces se subía encima mío y no abría la boca ni para respirar. Su pulso nunca se aceleraba. No quiero decir esto, pero…

Parecía muerto.

 

 

Ego

 

Claro, el recorte de prensa tiene ese polvo amarillento que me produce ganas de estornudar. Me disculpo otra vez. Voy al baño, a limpiarme la nariz, pero en realidad voy echándole una hojeada a todas las habitaciones. La última habitación es la de ella. Las ganas de estornudar se esfuman. Entro dando pasitos suaves y cortos. El olor a humedad y a guardado pasa por mi garganta y termina en mi pobre estómago. La muñeca está abrazando una foto tamaño carnet. En el respaldo dice lo siguiente: niño, tu madre te estará esperando en el cielo.

 

 

Edelmira

Los hijos tienen que irse algún día. Usted me ve aquí, de pie, con las piernas llenas de venas várices, y mire: mis manos están arrugadas y torcidas. Todo esto es lo que hace uno por un hijo, sin esperar nada a cambio.

-Por sus hijos- digo yo, cerrando los ojos.

-Sí, joven. Así sea uno.
-No le parece que esta casa es demasiado grande para usted, digo, ya no vive toda la gente que solía vivir aquí ¿ O sí?

-A lo mejor tiene razón, joven, pero me daría muy duro dejar esta casa, así esté solo yo en ella…La única razón que me alienta a largarme de aquí es la gente del barrio. No soporto sus miradas.

-Me imagino…

 

 

Laura

 

Todo es muy fácil de explicar. La niña (quiero decir, la hija, la verdadera madre) se llamaba igual que yo, y eso le removió a la señora cosas terribles del pasado. Usted sabe, uno bloquea esos traumas, en ese proceso de sanación, pero una cosa es la mente y otra es el espíritu, bla, bla, bla…
Así pues, empezamos mal. Por lo demás, doña Edelmira no tenía un pelo de boba. En el fondo, sabía que había un baúl escondido en la oscuridad de esa casa, que no debía ser destapado. Y bueno, yo fui una enemiga de esos silencios místicos que llegaban de un momento a otro, porque me parecía que más que un trauma doloroso ocultaban una actitud despreciable. Esa pobre muchacha, presa del miedo hacia su madre y aturdida por la ignorancia con la que la fue alimentada a la fuerza, terminó entregando a su hijo. Y luego, claro, murió de muerte natural. Murió de tristeza, pero para todo el mundo fue algo digno. Eso era todo lo que había venido a hacer al mundo. Llenar un vacío con algo que había salido de sus entrañas, y claro, eso no la hizo merecedora de un verdadero amor ¿ Y sabe qué es eso? Libertad. Respeto. Identidad.

Voy muy rápido, lo sé, pero así fue como me topé con todo esto. Todos ellos existieron, primero ella, luego el auténtico Alfonso y después el pobre Alfoncito, el pequeño Alfoncito, pero al final ella los fusionó en un solo cuerpo. En él habitaba la desaparición de otros dos seres humanos, ella, anulada por su propia madre, y él, muerto a temprana edad, único y verdadero amor de su madre. Así que el cuerpo de Alfoncito era eso: un costal de secretos y de recuerdos, un retablo de fotos borrosas, pero eso no era él.

Amo a ese hombre, de verdad, aún lo amo y lo extraño, pero no pude, simplemente eran dos fuerzas contra una. El día del asesinato habíamos tenido una discusión muy fuerte. Me insultó y me trató de perra. Usted no me va a creer, pero tengo que decirle que a mí esto me suena a cualquier cosa menos a una ofensa. Hasta los insultos se gastan, decía mi mamá, oyendo a mi padre vomitar toda la

carga de palabrotas sobre nosotras dos. Al final, el muy infeliz se quedaba sin aire, débil y suplicante.

Volviendo a él (y a ellos), ya para ese entonces yo tenía todo muy claro. Y no fue él quien me lo explicara. No me quedaba muy complicado unir las piezas del rompecabezas, porque todo está en esa casa. En las noches, cuando dormíamos allá, me levantaba descalza, dispuesta a quitarle el polvo a todo. Entonces lo perdoné, porque lo que le ocurrió fue horrible. Imagínelo: su vida es sustituida por otra. Sus recuerdos verdaderos han sido anulados por una mujer loca, cada vez con menos sutileza. Pero ya estás muy viejo para detenerte y decir, oye, un momento, esto no me cuadra… En realidad, esa no es mi forma de ver las cosas ( y siempre traté de hacérselo ver a él, de manera indirecta), pero yo tuve otra crianza. Mi movimiento favorito es arrojar cosas sagradas al suelo. Porcelanas y tabúes.

 

 

Ego

 

Mi pregunta deja a esta buena señora helada, pero no paralizada por el miedo o algo así. Me mira como alguien lleno de verdad, sabio y respetable, mira a un pobre imbécil.

 

-Usted es como todo el mundo.


No hay nada en este mundo que me duela tanto como esta frase.

***

 

Extracto del diario Qué tal!:

Siendo las diez de la noche, Alfonso Lugo Sarmiento, natural de esta ciudad, se tomaba unas cervezas con unos amigos en el negocio de su propiedad, cuando un sicario que según los testigos “salió de la nada”, le disparó en dos ocasiones. Inmediatamente después, el asesino, menor de edad oriundo de Pradera, hizo un disparo hacia la humanidad de la esposa de Lugo, que acababa de llegar a la escena, pero la bala cruzó toda la calle quinta y fue a parar en el pecho de Linda Delgado, trabajadora de un call center y que a esa hora esperaba a su novio, un mensajero de la empresa Carvajal S.A.


Lugo fue trasladado por sus amigos y esposa al hospital universitario, pero cuando llegaron a la puerta de urgencias era demasiado tarde. Por su parte, la familia de la joven Delgado lamentó lo sucedido y dijo que Lina era una niña muy dulce y emprendedora, que tenía pensado entrar a estudiar diseño de modas en un par de meses.

 

 

Notas:

1 Gritaba, en su último estado, que le quitaran de la cabeza un enjambre de abejas. En algunos textos médicos inspirados en bitácoras de brigadistas de guerra se habla de El zumbido de la Muerte, una síntoma muy común en la enfermedad de Ménière.

 

2 ¿A qué otras cosas me refiero? Podría hacer una lista bastante larga, pero en resumen, lo que quiero decir es que así como la idea de Dios nos ha atemorizado y prohibido ejercer como las criaturas carnales que somos todas las facetas bestiales y terrenales, bien podemos nosotros, a cambio, ofrecerle una amistad con beneficios. Le hablamos como si fuera un padre comprensivo al que le conviene negociar algunas cosas, con tal de no perder el respeto y la atención.

3 2006, año de bendiciones. El año de mi primera cirugía estética. Empecé por el rostro; paso de tener un aguacate de nariz a una nuececilla que pudo haber quedado muy pequeña en comparación con el tamaño de mis pómulos. Esto podría arreglarse también. El caso es que pienso: primero hay que asegurar una buena foto en la hoja de vida. Cara bonita, buen trabajo; fui ascendida de impulsadora en un supermercado a representante de ventas. La diferencia es bastante significativa: pasas de estar todo el día de pie, disfrazada y expuesta al desprecio de la gente, a tener un trabajo más o menos de visitadora de médicos. Me vestía como una ejecutiva y solo viajaba en taxi. Un año después volví al quirófano. Las mismas manos esta vez pusieron dos bolas de silicona en mi pecho. 92 centímetros. Mejor que sobre y no que falte. Y claro, también llegó el amor. Porque solo un par de senos perfectos me faltaba para que un cirujano plástico se fijara en mí. De esto deducen ustedes que la tasa de enamoramiento en el gremio de los cirujanos plásticos es de 3 a 4 veces por semana. Nunca fui celosa ¿para qué? A lo mejor soy un poco ambiciosa, y eso me ha ayudado a conseguir cosas importantes en mi vida, pero creo, ante todo, que se debe tener una noción bastante realista de las cosas, y no engañarse a uno mismo. Somos carne y grasa, por definición. El alma es un anhelo. Los hombres necesitan renovar constantemente la certeza de que están vigentes en el mercado sexual. Por eso los matrimonios más felices tienen siempre, bien guardada, una infidelidad masculina. Mi matrimonio duró solo un mes. Pablo, mi cirujano, tenía una debilidad por las motocicletas de alto cilindraje.

4 Desde mediados de 2007 han existido numerosos grupos y foros en internet movidos por un propósito concreto: odio hacia Laura Acuña. Para mencionar un dato más fresco: a la fecha, finales de 2010, el grupo “Yo odio a Laura Acuña” tiene 2841 miembros activos en Facebook. Entre otras cosas, a esta mujer se le acusa de ladrona de oportunidades y cazafortunas. El ingenio de la gente va desde comparaciones con animales hasta chistes lingüísticos bastante complejos.

5 En este caso, dejemos claro que el término se usa como sinónimo de “hablamierda”

6 Una encuesta imaginaria basada en lecturas reales: el 98% por ciento de los entrevistados respondió que, a pesar del desprecio que sienten hacia mí, sí se masturbarían viendo una imagen mía en alguna pose sugestiva.

7 ¿Hacia dónde debería apuntar el ojo de un joven caleño en la primera década del año 2000? Pensemos en la idea global de joven caleño. Muy bien. Ahora desechémosla. Pisoteemos aquella postal de clichés ¿Qué nos queda? Muy bien, ahora pensemos de dónde viene esta violencia. Muy bien, ahora hagamos el siguiente cálculo: ¿cuántos son verdaderamente conscientes de todo esto? Muy bien, ahora pensemos (no lleguemos todavía a lo metafísico) qué es lo que debería mirar ese porcentaje de conscientes. Muy bien, ahora pensemos en los que hacen posible la ciudad, ya para bien, ya para mal. Pero quiero decir: los responsables directos, no los actores de paso. Muy bien, el círculo se va cerrando. El mal y el bien caen sobre el hombre de estas tierras, como el sol y como la lluvia. Lo superan. En este pueblo de vientos amables y torsos tonificados, también se da el parásito que ataca el sistema nervioso central. Si estás leyendo esto, joven caleño, huye y sálvate. A lo mejor tienes tiempo.

0 0 1834 16 marzo, 2013 Cuento, Textos marzo 16, 2013

About the author

(Cali, 1982). Comunicador social de la Universidad del Valle, especializado en Creación Multimedia en la Universidad de los Andes. Maestría en Escrituras Creativas en la Universidad Nacional de Colombia.

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