Los maestros en Oxaca 2006-2007

Un poquito de tanta verdad cuenta la  movilización y resistencia de los maestros en Oxaca, Mexico. Nos deja ver el poder de la radio como herramienta para el cambio social, la forma en que fue usada por los profesores, sus aciertos y sus errores.

Entendemos que para muchos de nosotros estos acontecimientos son absolutamente desconocidos así que acompañamos el documental con otro documento, esperamos que arroje una luz a los interesados.

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La batalla por Oaxaca: La represión y la resistencia revolucionaria (2006)

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Oaxaca es una tierra de levantamientos revolucionarios, de represión y de resistencia. En estos momentos (fines de 2006), la represión con mano dura está a la orden del día, y los oaxaqueños que han participado en el levantamiento, son detenidos en las calles, golpeados por la policía local para sembrar el miedo en la comunidad y luego son liberados . Otros siguen encarcelados unas semanas luego de haber sido detenidos por la policía federal preventiva, que disolvió ferozmente una marcha de protesta a fines de noviembre. Aun sigue en el poder el corrupto gobernador Ulises Ruiz, quien fuera electo fraudulentamente, y es responsable de la actual represión.

 

Ulises Ruiz Ortiz es encontrado culpable de delitos de lesa humanidad.

Ulises Ruiz Ortiz es encontrado culpable de delitos de lesa humanidad

 

Ulises Ernesto Ruiz Ortiz es un político mexicano, miembro del Partido Revolucionario Institucional, quien desde el 1 de diciembre de 2004 hasta el 30 de noviembre de 2010 se desempeñó como Gobernador del Estado de Oaxaca. Ulises Ruiz tomó posesión en medio de protestas por un supuesto fraude, en el que se denunciaron actividades como compra de votos y otras actividades que “adulteraron”[1], que afirman críticos[2], dieron a Ulises Ruiz la oportunidad de ascenso dentro del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

 

No obstante, el día que empecé a escribir el presente ensayo, el 22 de diciembre, miles de personas tomaron las calles de Oaxaca en una marcha organizada por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, (APPO) formada por un enorme contingente de maestros y activistas recientemente excarcelados, así como por familiares de los aún detenidos que participaron en la resistencia a la ocupación de la ciudad por la policía federal y estatal. Ese mismo día, “día de la movilización mundial por Oaxaca” inicialmente convocada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), hubo manifestaciones en alrededor de 37 países. En esa fecha también se cumplía el noveno aniversario de la matanza de 45 indígenas en la comunidad de Acteal, Chiapas, un horror obsceno que ha quedado impune hasta hoy.

 

Esta ininterrumpida represión no puede ocultar lo que ha ocurrido desde mayo-junio de 2006 hasta noviembre, que sigue en formas tanto abiertas como subterráneas: el surgimiento de una Oaxaca sublevada, primero respondiendo a los violentos intentos de Ulises Ruiz por aplastar la huelga de los maestros y luego floreciendo y desarrollándose en una gran cantidad de formas y la participación de dimensiones tales como la de los indígenas, las mujeres, los jóvenes, todas uniéndose a la lucha de los maestros en huelga. De hecho, es frecuente hallar aquí en una misma persona al indígena, al maestro, a la mujer. Más aún, por lo menos en una de las grandes marchas, el número de manifestantes sobrepasó la población de toda la ciudad, debido a la participación de decenas de miles de personas provenientes de los municipios del estado de Oaxaca reivindicando la lucha como la suya propia. Era verdaderamente la población como un solo hombre tomando los asuntos en sus propias manos.

 

¿Cómo comprender este nuevo ímpetu de la lucha emancipatoria en México con su multiplicidad de formas creativas? Algunos han hablado de la Comuna de Oaxaca, hallando en ella los ecos históricos en la Comuna de París de 1871, cuando la población se apoderó de la ciudad y empezó a crear un “estado no-estatal” intentando reorganizar el trabajo y avanzar hacia una sociedad de productores libremente asociados. Marx señalaba que la grandeza de la Comuna fue “su propia existencia práctica”, que no buscaba sólo reformar el estado, sino aplastar a la vieja maquinaria estatal y reemplazarla por la Comuna. Hasta el momento, Oaxaca no ha llegado a esa fase y aunque algunos pueden tener esta perspectiva, otros sin embargo han afirmado que solamente se necesita reformar la maquinaria estatal.

 

Otro analista escribe que el movimiento se dirige “hacia un poder dual” en Oaxaca, sugiriendo los soviets en Rusia en 1917. ¿Acaso la APPO es una forma de los soviets en el siglo XXI, encarnando no al proletariado industrial, sino a la multitud, que incluye aquí a muchos y diversos sujetos del cambio social?

 

Antes de etiquetar históricamente o globalmente estos eventos, debemos investigar a fondo esa sublevación. Entre sus aspectos más importantes podemos señalar :

 

1) La creación de la APPO, originada en la tradición indígena; como veremos más adelante resultó ser el foro más importante en la organización de la acción y en hacer visibles las ideas desde abajo. 2) La participación multifacética de las mujeres: a partir de un grupo de mujeres de la APPO que tomaron las tareas en sus manos y ocuparon una estación de radio y televisión, descubriendo de ese modo su propia voz, con sus propias palabras ante muchas mujeres que erigían barricadas en las calles junto a los hombres para defender su nueva voz y detener las caravanas del “escuadrón de la muerte” que intentaban intimidar, dañar y a veces hasta disparar sobre la población que manifestaba pacíficamente. 3) La juventud, particularmente la universitaria, que luchó por defender y ampliar los logros de la lucha, incluyendo la toma de la estación radial cuando fue destruida “Radio Plantón”, la emisora de los maestros. 4) Los activistas del vecindario, quienes particularmente en las áreas pobres defendieron sus calles levantando barricadas nocturnas para detener las caravanas y participando en las mega-marchas que se extendieron desde el verano hasta el otoño. 5) Las decenas de miles de maestros, que desataron la sublevación con su huelga inicial y la ocupación de la plaza central, y estuvieron en el corazón de la ocupación de Oaxaca hasta que por la falta de pago y la lucha faccional entre los dirigentes del sindicato, debieron retornar al trabajo. 6) Los maestros, campesinos y otros de fuera de la ciudad de Oaxaca que crearon sus propias asambleas allí donde vivían y viajaron a la capital para unirse a las manifestaciones. 7) Y siempre, invariablemente, la dimensión indígena, el corazón y el alma de Oaxaca.

 

Comenzaremos con una breve reseña del contexto social, económico y político, para después rastrear el desarrollo del levantamiento, la forma organizativa de la APPO, el papel de las mujeres y la participación de los oaxaqueños de fuera de la capital, todo sucediendo mientras enfrentaban a la represión dirigida o patrocinada por el gobierno. Intentaremos luego situar la especificidad de Oaxaca dentro del contexto global e histórico, incluyendo sus aportes y limitaciones por el momento. En lo que sigue, me basaré en los testimonios que tuve el privilegio de escuchar mientras estuve en el estado de Oaxaca.

 

Los antecedentes

 

La crisis se origina mucho antes del 14 de junio, cuando el gobierno intenta quebrar la ocupación de la plaza central por los maestros. Políticamente se la puede rastrear en las siete largas décadas de dominio del Partido Revolucionario Institucional, el PRI. Aunque en la época de Lázaro Cárdenas (en la década de 1930) hubo una consolidación progresista de la Revolución Mexicana, ese legado se transformó en las décadas siguientes en un aparato estatal autoritario monopartidista, y en ningún otro lugar del país fue más asfixiante que en Oaxaca.

 

Hasta la limitada “apertura” de la política mexicana en las décadas de 1990 y 2000, fue reprimida en Oaxaca, donde el PRI siguió su gobierno monopartidista. Un flagrante ejemplo fue la fraudulenta elección de Ulises Ruiz como gobernador en 2004 y su posterior gobierno corrupto y cada vez más represivo. Si hay una consigna que ha unido a las masas de Oaxaca, esta ha sido: ¡Afuera Ruiz!

 

Desde el punto de vista económico-social, el origen de la sublevación surge de las condiciones de vida de la población oaxaqueña; unos tres millones y medio de habitantes, de los que dos tercios son indígenas de 16 grupos distintos, que hablan 15 lenguas y varios dialectos más. Durante décadas, la exclusión social ha ido generando una pobreza enorme. Las estadísticas indican que unas tres cuartas partes de la población vive en la pobreza o la extrema pobreza. La mayoría de los pobres no gana siquiera el salario mínimo de 6 pesos diarios. La crisis es aún mayor en el campo, donde la mayoría de la población encuentra imposible poder ganarse la vida. El gobierno invierte muy poco para ayudar a la población rural. Encima, el Tratado de Libre Comercio con Norteamérica (en inglés, NAFTA) les permite a los granjeros norteamericanos subsidiados por su gobierno inundar el mercado con productos agrícolas más baratos. Esto ha quitado a los agricultores mexicanos la posibilidad de sobrevivir, particularmente de la producción del maíz.

 

La devastación económica en las áreas rurales ha provocado la emigración en gran escala. Algunos se han ido a la ciudad de Oaxaca y a otras ciudades de México, y otros, en cientos de miles, para sobrevivir se han visto forzados a irse a los Estados Unidos buscando trabajo. Esta inmensa dislocación social ha significado que en algunas comunidades de Oaxaca, se ha ido más 50% de la población. Las mujeres representan alrededor de un 45% de los emigrantes.

 

De la totalidad del territorio de Oaxaca un 85% es propiedad comunal de una u otra forma y solamente el 15 % es propiedad privada. Las comunidades indígenas han luchado por preservar sus tierras y sus modos de organizar las comunidades mediante leyes y tradiciones llamadas “usos y costumbres”. Oaxaca es el único estado mexicano donde el gobierno ha sido forzado a reconocer los “usos y costumbres” en cientos de comunidades. Esta organización autónoma se centra en las fiestas, el trabajo comunal y ciertos servicios religiosos y de gobierno. Estos limitados autogobiernos, a menudo decididos en las asambleas de la comunidad, han sido sometidos a la continua presión y la fragmentación por el gobierno, y han sido arrastrados por el vendaval neoliberal y por la reforma constitucional del gobierno de Salinas que permite que las tierras colectivas de los ejidos puedan ser divididas y vendidas individualmente. Cuando Ulises Ruiz decidió quebrar la huelga y la ocupación de los maestros, fue esta forma histórica de la asamblea de la comunidad la que se imbuiría del contenido de la rebelión y la resistencia

 

La huelga de los maestros y la ocupación de la plaza central

 

El 22 de mayo, tras una semana de negociaciones inoperantes con el gobierno estadual, decenas de miles de maestros y trabajadores de la educación, familiares y simpatizantes, marcharon a la plaza central de Oaxaca para ocuparla y manifestar sus demandas, que incluían un incremento salarial y mejoras en la educación. Sin dudas, esta fue la primera vez que los maestros desarrollaban una acción de esa magnitud. Durante más de veinte años sus luchas por salarios y mejoras de las condiciones educacionales terminaban en la ocupación de la plaza central por unos pocos días, hasta obligar al gobierno a negociar un acuerdo. Pero este año los sucesos se darían de otro modo.

 

Los maestros de Oaxaca conforman la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). A nivel estadual el sindicato abarca a unos 70 mil maestros, y tiene una historia militante y combativa, frecuentemente en desacuerdo con el sindicato nacional, cuya estructura jerárquica ha apoyado durante décadas al gobernante PRI.

 

Ese día los maestros y sus partidarios ocuparon la plaza central más una docena de manzanas adyacentes. En lugar de un acuerdo en pocos días, los maestros se hallaron en una batalla contra al régimen de Ruiz. En las tres semanas siguientes el enfrentamiento creció. Ante el virtual monopolio de los medios de comunicación influidos por el estado, los maestros informaban a la comunidad por medio la emisora “Radio Plantón”. El apoyo a los maestros creció espectacularmente a medida que la ocupación continuaba, con dos “mega-marchas” la del 2 de junio, con más de 75 mil manifestantes, y la del 7 con 120 mil. El reclamo ya no era más sólo por la demanda de los maestros, sino por la remoción de Ulises Ruiz del gobierno.

 

En la madrugada del 14 de junio, Ruiz respondió enviando a la policía estadual a atacar a los semidormidos maestros, muchos de los cuales acampaban con sus familiares. Desplegando la fuerza física, con gran cantidad de gases lacrimógenos, sacaron de la plaza a los maestros, destruyeron su campamento y arrasaron a “Radio Plantón”. Pero los maestros no se rindieron, combatieron de vuelta y después de varias horas retomaron el centro de la ciudad.

 

El ataque inmotivado del gobierno, buscando atemorizar y quebrar a los maestros, resultó ser el punto crítico en la batalla de Oaxaca. No sólo los maestros con coraje y determinación mantuvieron su posición, sino que la población indignada a lo largo del estado de Oaxaca acudió a ayudar a los maestros y asumieron como propia la lucha. Dos días después del ataque tuvo lugar una tercera mega-marcha. Los más de 300 mil manifestantes incluían a miembros de comunidades indígenas desde las costas hasta las sierras. En apoyo a los maestros, participaron además trabajadores de otros sindicatos, grupos indígenas y campesinos, las autoridades tradicionales de los zapotecas, mezatecas, mixes y mixtecas que se unieron a las organizaciones políticas, además de los estudiantes y activistas por los derechos humanos. Al día siguiente el movimiento creó la forma revolucionaria para catalizar su lucha: La Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, la APPO.

 

La APPO: La asamblea indígena se imbuye de nuevo contenido

 

La APPO es la síntesis de muchas organizaciones y movimientos. Cientos de organizaciones “de todos los colores y sabores” finalmente se unen para ser parte de la APPO. La demanda central fue la destitución de Ulises Ruiz y en la medida que se desarrolló el movimiento, esto significó no solo la remoción de su persona, sino de todos los representantes del sistema político autoritario que ha estado en el poder durante setenta años. La APPO era anti-sistema y al mismo tiempo había un comienzo de la construcción del poder popular.

 

La cuestión de cómo comunicarse con las multitudes de Oaxaca era fundamental para su construcción. Con Radio Plantón destruida, los estudiantes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca tomaron la estación de radio universitaria y la convirtieron en una de las principales vías de la APPO para llegar hasta las masas de la ciudad, informándoles sobre las novedades del movimiento, las marchas y otras actividades de protesta, así como para advertirles de las amenazas de parte de la policía estadual. La información manipulada por el gobierno y la propagación de falsedades desde arriba era contrarrestada por una comunicación desde abajo. Y como veremos en seguida, esto fue particularmente cierto en la acción de las mujeres de la APPO que tomaron y pusieron en marcha una estación de radio y televisión nacional, lo que significó un punto decisivo en el desarrollo del movimiento.

 

El gobierno del estado, en gran medida por el temor a esta comunicación revolucionaria desde abajo, organizó sus fuerzas policiales y sus fuerzas subterráneas “privadas” para atacar a los medios de comunicación controlados por el movimiento. Esto incluyó el desplazamiento nocturno de caravanas de patrullas del “escuadrón de la muerte”. La APPO, para protegerse a sí misma organizó sus propias fuerzas de seguridad y se valió de sus medios de comunicación para defender la sublevación, realizando llamamientos cuando estaba en el aire para proteger a las estaciones de radio y resistir los ataques del gobierno. Una forma de resistencia fue la creación de barricadas para proteger la ocupación del centro de la ciudad, las estaciones de radio y las torres de transmisión en manos del movimiento, y en general para prevenir de los ataques nocturnos secretos por las fuerzas apoyadas por el gobierno. Algunas veces estas fueron barricadas permanentes, que incluían autobuses incautados. Otras eran barricadas temporales para detener el movimiento de las caravanas nocturnas, y eran armadas de nuevo cada noche. Cuando se lanzó el llamamiento para construir barricadas, la respuesta fue inmediata y se construyeron la primera noche varios cientos, unas miles la segunda y cientos más la tercera noche.

 

Las barricadas también significaron una nueva forma de comunicación en las barriadas. Los vecinos salían por la noche para levantarlas y ocuparlas, y de ese modo comenzaban a hablar unos con otros de un modo inusual hasta ese entonces: debatían las cuestiones de la reforma radical, cómo transformar el estado, y más allá de las reformas: qué significaba no sólo transformar las instituciones sino salir a las calles.

 

La forma de representación de la APPO es simple y directa; nació de las propias prácticas indígenas. Las decisiones son tomadas en asambleas en la cuales participan todos, y aunque hay portavoces, la organización es horizontal, sin una jerarquía de líderes. Los activistas consideraran a la APPO no solo como una forma inmediata de organización, sino como un espíritu de rebelión y comunalismo que ha crecido durante muchos años.

 

La formación y la práctica de la APPO dio lugar a la actividad creativa de muchos sujetos sociales. Dos de los más importantes fueron las mujeres en la Asamblea y las movilizaciones fuera de la ciudad de Oaxaca: las comunidades indígenas, los campesinos y los maestros.

 

Las mujeres en la APPO descubren su propia voz.

 

El 2 de agosto marcó un importante salto en el movimiento. Ese día un grupo de mujeres de la APPO tomaron las estaciones de radio y televisión, cuya señal cubría el estado. Ellas habían ido a la estación con un simple reclamo: poder contar con 15 minutos diarios para poder presentar el punto de vista del movimiento. Pero al serles negada la petición, respondieron tomando toda la estación. La lucha había entrado en una nueva etapa. Ahora las trabajadoras, las indígenas que nunca habían tenido la posibilidad de dar a conocer sus historias en público, ni de presentar sus ideas, podían hablar, hallar su propia voz y ser oídas como nunca antes lo habían sido. La estación de televisión estuvo en manos del movimiento durante tres semanas:

 

“¡Qué perspectiva de esperanza brotaba de las pantallas en aquellas tres semanas! Las personas comunes con su ropa de cada día hablaban de la realidad de sus vidas tal como ellas lo entendían, de lo que para ellos significaba el neoliberalismo, el ‘Plan Puebla-Panamá’, de sus tierras perdidas por obra de los inversores y las compañías internacionales del papel, de las ruinosas escuelas de las montañas sin sanitarios, de las comunidades sin agua potable o alcantarillado”. (George Salzman, residente de Oaxaca).

 

Las mujeres estuvieron por todas partes, al frente de todo, no solamente de la radio y televisión, sino en numerosas mega-marchas, así como en la marcha de las cacerolas (golpeando sus cazuelas con cucharas de madera). Construyeron barricadas y las defendieron, trajeron la comida a quienes operaban las emisoras de radio, en la APPO formaron la Coordinadora de Mujeres de Oaxaca (COMO) y mantuvieron sus propias reuniones generales hasta fines de agosto.

 

Fuera de la ciudad de Oaxaca

 

Si bien la ciudad de Oaxaca era el ojo de la tormenta del levantamiento, la zona rural no estuvo pasiva. Durante los meses del levantamiento muchas comunidades tomaron la iniciativa de formar sus propias APPOs locales y viajaban a la ciudad para participar en las marchas. Estas comunidades también sufrieron durante décadas la garra represiva del gobierno estadual. La delegación de emergencia por los derechos humanos viajó a la comunidad de Tlaxiaco, a varias horas de la ciudad de Oaxaca, para escuchar las presentaciones sobre las condiciones en las zonas rurales y los testimonios de los maestros y los campesinos que habían participado en el movimiento y fueron reprimidos por el gobierno. Por las declaraciones de una comisión local por los derechos humanos, Nu-Ji-Kaandi, nos enteramos de las difíciles condiciones que enfrentan las comunidades indígenas y en particular fue muy contundente la presentación de una mujer indígena activista por los derechos humanos sobre la violencia constante contra las mujeres.

 

Oímos historias de la auto-organización de las comunidades como la de los profesores organizados para tener su propia asamblea para expresar sus preocupaciones y apoyar las actividades en la ciudad de Oaxaca. Muchos de ellos viajaron a la ciudad para incorporarse a las marchas. Un contingente de varios cientos que viajaban en autobuses para participar en una mega-marcha fueron bloqueados en la autopista por policías federales, enviados por el gobierno de Fox para aplastar el movimiento . La policía sacó a la gente de los autobuses, interrogó rudamente, detuvo a quienes ellos pensaban que eran los líderes e impidieron a los miembros de la comunidad de Tlaxiaco unirse a la marcha de protesta.

 

Durante los testimonios tuvo lugar una discusión, que refleja la batalla de ideas que tiene lugar hoy en el movimiento. Un campesino, contando su experiencia en la caravana de autobuses de manifestantes detenidos por la policía federal, señaló la necesidad de enfrentar directamente a la represión estatal. Un maestro respondió rápidamente que la única forma del movimiento para triunfar, era la vía pacífica. La pregunta que quedó sin respuesta es qué sucede cuando las protestas pacíficas constantemente chocan con la represión.

 

El estado autoritario de Oaxaca

 

Con la atención prestada a la creatividad del movimiento no pretendemos minimizar la represión que los oaxaqueños han enfrentado diariamente, la perversidad, la brutalidad y hasta el asesinato (no menos de 17 personas han sido asesinadas) en la batalla por Oaxaca de los últimos siete meses. Cientos han sido detenidos y muchos de ellos siguen presos. La delegación de emergencia por los derechos humanos recibió numerosos testimonios, entre ellos, el de un estudiante que había sido arrestado, golpeado, fotografiado con armas, y obligado a “confesar” un crimen que jamás cometió, y estuvo preso varias semanas. Luego de testimoniar ante nosotros, horas más tarde fue nuevamente secuestrado por la policía junto a otros dos activistas, fueron apaleados y luego liberados.

 

Tomamos el testimonio de una maestra, que participaba con su esposo en una de las marchas de protesta y de pronto sonó un disparo y su esposo cayó herido de muerte.

 

Otra, madre de tres niños, estaba saliendo de su trabajo, sin participar en la protesta y encontrándose simplemente en el área, la policía federal la rodeó violentamente: “No pude ver nada más, intenté buscar a mi hijo… ellos me arrojaron al pavimento, me esposaron, y me arrojaron sobre un montón de otras mujeres. Si nos movíamos nos pateaban, nos golpeaban y nos mantuvieron así durante casi dos horas”. Junto a otras 140 más, ella fue llevada en un helicóptero a una prisión en Nayarit, a cientos de kilómetros de distancia. ¿El cargo?: “Sedición”. Al final de su testimonio dijo que después de esa experiencia quería unirse al movimiento de protesta.

 

¿Cuál es el significado de la batalla por Oaxaca?

 

1) Indudablemente la gran mayoría de los oaxaqueños reclaman la destitución inmediata del gobernador. El repudio masivo al PRI en las elecciones federales del 2 de julio fue una prueba contundente de ello. Pero ese reclamo ha venido a significar algo más que un simple cambio de un rostro en el gobierno. Después de todo, al gobierno federal le puede convenir la sustitución de Ruiz por sus propios intereses. El reclamo también exige la retirada de la policía federal y estadual de la ocupación de Oaxaca, desmantelar el carácter represivo y reformar el aparato estadual. Pero cuán profunda será esta reforma, si la batalla por Oaxaca llega a desafiar la propia naturaleza del estado, es algo que sigue aún sin respuesta. Y aun así, ¿no podemos pensar esta cuestión?

 

Por supuesto, la cuestión del estado es inseparable de la composición socioeconómica de la sociedad. Esto significa analizar de la naturaleza del capitalismo, particularmente en los países subdesarrollados, y más concretamente, en las regiones golpeadas por la pobreza como Oaxaca, dentro de esos países. Los zapatistas, en su Sexta Declaración de la Selva Lacandona y en La Otra Campaña, llaman a crear un movimiento anticapitalista y de izquierda. ¿Qué significa ser anticapitalista hoy día? ¿Es suficiente el antiimperialismo o tenemos que ir más allá? ¿Vemos el capitalismo como algo más que una simple forma de propiedad – la forma privada vs. la forma estatal o nacionalizada -, y más bien centrada en la extracción del valor y del plusvalor en el proceso del trabajo? Ser anticapitalista en todo el sentido de su comprensión es reconocer la necesidad de destruir la producción de valores de cambio, la producción mercantil, y comenzar a implementar el trabajo libremente asociado. El trabajo colectivo, comunal, de los grupos indígenas, como en las comunidades de Oaxaca, podrá contribuir mucho aquí, si reconocemos que éste no puede “coexistir” con la producción de valores de cambio. Más bien, es sólo la destrucción del modo capitalista de producción la que permitirá un modo de libremente asociativo que surja de sus cenizas. Si en cambio, nos quedamos en reforma o rehacer las instituciones existentes, ¿no quedaremos atrapados en una “revolución autolimitada” que no alcanza la plenitud de una nueva sociedad humana? Tengamos cuidado de nuestras propias “ataduras mentalmente forjadas”.

 

2) Lo que la batalla por Oaxaca ha sacado a la escena es la creatividad de la auto-actividad de las masas, así como la aparición de diversos sujetos sociales. Estos son los indígenas, los obreros, las mujeres, los jóvenes y otras dimensiones humanas, aparecidas, no como esencias fijas, sino como grupos e individuos autodesarrollados, como (parafraseando a Hegel) individualidad a la que nada interfiere en su búsqueda de la universalidad. Lo que demuestra Oaxaca, como muchos otros movimientos creativos que han dado testimonio histórica y globalmente, es que las masas no son sólo los músculos, sino la razón de la transformación social. Sus acciones, ideas, preguntas no están limitadas a los momentos de la práctica revolucionaria, sino que son una forma de la teoría revolucionaria. Esta es una de las lecciones que debemos estudiar cada vez que un nuevo momento revolucionario surge desde abajo.

 

3) Si bien es de gran importancia el surgimiento y el reconocimiento de la creatividad de los nuevos sujetos sociales de la transformación revolucionaria, ¿es esto de por sí suficiente? Algunos opinan que la presencia de esos sujetos sociales en las formas organizativas no jerárquicas es suficiente para una transformación social radical. O sea que la participación activa en la organización de parte de una multiplicidad de sujetos revolucionarios puede por sí misma dar a luz nuevos comienzos. La forma organizativa, en este caso la asamblea popular de la APPO, pero también otras formas: los comités autónomos y las juntas de buen gobierno en Chiapas, o las históricas y magníficas formas organizativas como la Comuna de París, los soviets rusos, los consejos obreros húngaros en 1956, se han transformado de un particular esencial en un universal. Sin embargo, el único universal absoluto es la creación, el absoluto devenir de una nueva sociedad. No podemos sustituir el universal que llega e inicia una nueva sociedad por un particular, por revolucionario que pueda ser, incluyendo una forma organizativa particular. Lo particular es una concreción necesaria de ese llegar, pero no es en sí la totalidad de él. Para ello necesitamos no solo la práctica de llegar a una nueva sociedad, sino el espíritu, la perspectiva filosófica, que es parte del recorrido.

 

Una perspectiva filosófica emancipadora elaborada concretamente, y así pues, un universal concreto, nos puede armar contra la imposición de falsas soluciones ideológicas. En un reciente ensayo, el escritor oaxaqueño Gustavo Esteva en un análisis que incita a la reflexión, pero a veces erróneo, del México contemporáneo, incluyendo los recientes acontecimientos en Oaxaca, de pronto trae a colación a la China de Mao, afirmando el gran interés de Mao en tener “la confianza del pueblo”, como algo relacionado de alguna manera con los eventos de Oaxaca (Znet Magazine, 17/12/06). Sin embargo, no se preocupa por explicar que sus conceptos contrastan con la manipulación maoísta, ordenando directamente la represión de las masas chinas durante el “gran salto adelante” y la “gran revolución cultural proletaria”

 

En lugar de esta confusión ideológica, sigue vigente la necesidad de elaborar teóricamente el sentido de la sublevación revolucionaria de Oaxaca. Es precisamente aquí que es esencial en estos momentos arraigarse en el pensamiento filosófico emancipador. El doble ritmo de la transformación revolucionaria, la negación de la vieja sociedad y la creación de la nueva, no es solo tarea de la práctica. Es también el acto de conocimiento, de la idea emancipatoria y precisamente es la unidad de las dos cosas, de la práctica y de la teoría/ filosofía, la que abre de par en par las puertas a una nueva sociedad.

 

* Ensayo enviado especialmente por el autor para su publicación en Herramienta. La traducción realizada por Félix Valdés García. Revisión de Francisco T. Sobrino.

0 0 1759 13 agosto, 2013 Documental, Video agosto 13, 2013

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